En Irán, al menos 18 ciudades han aplicado una nueva y polémica medida: prohibir pasear perros en espacios públicos. Esta decisión ha generado controversia dentro y fuera del país, pues no solo afecta la rutina de miles de personas, sino que revela un conflicto más profundo entre la tradición religiosa, la ley islámica y los derechos de los animales.
Las autoridades iraníes argumentan que la medida busca proteger los valores islámicos y evitar lo que consideran una “occidentalización” de la sociedad. En la interpretación más conservadora del islam que se practica en Irán, los perros son vistos como animales impuros. Por ello, tenerlos como mascotas —y mucho más pasearlos por la calle— se ha vuelto un tema sensible.
Desde hace años, organizaciones iraníes han intentado fomentar los derechos de los animales y el trato digno, promoviendo campañas de esterilización y adopción. Sin embargo, la reciente prohibición significa un retroceso para este movimiento, ya que las personas que desobedezcan podrían ser multadas o incluso tener a sus mascotas confiscadas.
En ciudades como Teherán, la policía ha emitido advertencias explícitas a los tutores de perros, recordándoles que no pueden pasear con ellos por parques, calles o espacios públicos. Esto ha provocado temor entre la ciudadanía, quienes ahora deben ocultar a sus mascotas o restringir su ejercicio a patios privados.
Desde el extranjero, distintas organizaciones de derechos humanos y animalistas han condenado la medida, señalando que atenta contra las libertades individuales y el bienestar animal. Además, consideran que refuerza una narrativa autoritaria que limita derechos bajo argumentos religiosos o morales.
A pesar de estas restricciones, la población iraní más joven y urbana ha comenzado a manifestarse en redes sociales, denunciando la medida como injusta y absurda. Algunas cuentas en plataformas como Telegram y Twitter han compartido testimonios de personas que buscan refugios seguros para sus perros o intentan movilizar apoyo internacional.
Este caso nos recuerda que la lucha por los derechos —humanos y animales— aún enfrenta muchos retos en el mundo. Lo que en muchos países es un acto cotidiano, como pasear con tu perro, en otros es un acto político.










