En diciembre de 2023, en la Reserva Nacional Samburu de Kenia, una elefanta africana de 10 años desapareció repentinamente de su manada. Un mes después reapareció, pero no sola: la acompañaban dos hembras no emparentadas, una de aproximadamente 10 años y otra de 15, que llevaba una cría recién nacida.
Lo más sorprendente fue lo que ocurrió después. Según Giacomo D’Ammando, director de investigación de la organización Save the Elephants, la elefanta que había estado ausente asumió un rol inusual: se convirtió en cuidadora de la joven e inexperta madre. En la sociedad de los elefantes, este papel se conoce como “allomadre”, una figura que, como una niñera, apoya en la crianza de crías que no son propias.
Shifra Goldenberg, especialista de la Alianza para la Vida Silvestre del Zoo de San Diego, explica que estas “niñeras” pueden ser hembras mayores como tías o abuelas, pero es más común que sean jóvenes de menos de 15 años que nunca han tenido crías. Su interés por los bebés les brinda experiencia valiosa para el futuro, al mismo tiempo que ayudan a las madres a cuidar de sus pequeños.
Además de brindar compañía, las allomadres cumplen funciones esenciales: consolar a las crías angustiadas con caricias de trompa, asistirlas si se caen o quedan atrapadas en el barro, e intervenir ante cualquier señal de peligro. Incluso, en momentos de amenaza, toda la manada se une para proteger a los más pequeños, formando un círculo defensivo con las crías en el centro.
Este instinto de protección se hizo evidente en abril de 2025, cuando un video viral captó a tres elefantas adultas del San Diego Zoo Safari Park rodeando a dos crías durante un sismo. Una de las “niñeras” no dudó en acercarse a un pequeño que quedó fuera del círculo, animándolo a regresar con suaves empujones.
Las allomadres también fomentan el juego, algo clave para que las crías ganen confianza y desarrollen habilidades sociales que necesitarán al independizarse de sus madres, lo cual suele ocurrir alrededor de los cuatro años. Aunque los machos se separan del grupo hacia los 14, las hembras permanecen unidas a su manada de por vida.
En ocasiones, las crías recurren a las hembras jóvenes para succionar, un comportamiento conocido como “alosucción”, que no tiene un fin nutricional, sino de consuelo y cercanía.
Historias como la de Samburu no solo revelan la complejidad social de los elefantes, sino que también recuerdan la importancia de la cooperación, el cuidado compartido y la empatía en el reino animal. En estos lazos invisibles reside parte de la fortaleza que ha permitido a esta especie sobrevivir por generaciones.










