La última locura de TikTok no tiene que ver con bailes ni filtros, sino con lomitos. Sí: la famosa prueba de macizidad, ese momento en que la banda le da un golpecito suave al lomo del perro para ver “qué tan macizo está”, se volvió el experimento más tierno —y también más raro— del año. Videos de perros inmóviles, confundidos o moviendo la cola con orgullo ya suman millones de vistas en redes.
Pero detrás del chiste hay una pregunta seria: ¿los perros realmente disfrutan ese contacto o solo nos toleran porque son unos santos? Según la American Kennel Club, las palmadas pueden liberar oxitocina —la hormona del bienestar— pero solo cuando el perro confía en la persona. Es decir, el toque funciona si hay buena vibra: cuerpo relajado, cola moviéndose suave y mirada tranquila. Si el perro se tensa, se aleja o pone las orejas hacia atrás, no es ternura: es incomodidad.
Especialistas como la etóloga Karen London recuerdan que los perros también deciden cuándo quieren ser tocados. No todos disfrutan las palmadas ni el juego brusco, y forzarlos puede generar estrés. El verdadero truco está en leer su lenguaje corporal, entender sus límites y respetar su espacio, aunque TikTok diga lo contrario.
La prueba de macizidad no sirve para medir fuerza ni obediencia. Sirve para otra cosa: para mostrar cómo los humanos convertimos nuestra forma de amar en contenido viral. Al final, este trend, entre risas y ternura, nos recuerda algo importante: los perros confían en nosotros más de lo que entendemos. Y si vamos a tocar a nuestros lomitos, que sea con cariño, respeto y la sensibilidad de quien sabe que tiene frente a sí a un compañero que no necesita pruebas para querer.










