¿Sabías que los chimpancés consumen alcohol sin siquiera buscar una botella? Un reciente estudio reveló que estos primates ingieren, a través de frutas maduras y fermentadas, el equivalente a medio litro de cerveza al día. Y sí, este hallazgo podría explicar por qué los humanos sentimos atracción por el alcohol.
Los investigadores recolectaron las mismas frutas que los chimpancés comen en su hábitat natural de África y analizaron su contenido de etanol. El resultado fue claro: estas frutas fermentadas aportan alrededor de 14 gramos de alcohol diarios a su dieta, una cantidad pequeña, pero suficiente para generar efectos biológicos.
Este descubrimiento respalda la llamada “teoría del mono borracho”, planteada hace más de una década por el biólogo Robert Dudley. La idea sugiere que nuestra afinidad cultural y biológica hacia el alcohol es herencia directa de los primates, quienes ya tenían la capacidad de metabolizarlo como parte de su alimentación.
Aunque en su momento la hipótesis fue recibida con escepticismo, cada vez gana más respaldo. Diversos estudios han demostrado que cuando a los primates se les ofrecen néctares con distintos niveles de alcohol, suelen preferir los que tienen mayor concentración. Es decir, no es simple coincidencia: hay un gusto natural y compartido.
Eso sí, no se trata de que los chimpancés busquen emborracharse. Aún no está claro si seleccionan de manera consciente frutas con más alcohol o si simplemente las comen cuando están disponibles. Lo que sí saben los científicos es que este consumo constante, aunque bajo, podría tener implicaciones biológicas interesantes.
Entre las preguntas que quedan abiertas está si esta exposición crónica a pequeñas dosis de etanol impacta en su comportamiento o su salud a largo plazo. Para los investigadores, estos hallazgos también son clave para entender los riesgos y beneficios del consumo de alcohol en los humanos.
Al final, esta “conexión alcohólica” entre chimpancés y humanos nos recuerda lo mucho que compartimos con nuestros parientes evolutivos. Mientras ellos disfrutan de sus frutas fermentadas en la selva, nosotros lo transformamos en rituales sociales, industrias multimillonarias y culturas enteras alrededor de una copa.
La próxima vez que alguien levante un vaso de vino o una cerveza, no está de más recordar: tal vez nuestro gusto por el alcohol no sea casualidad, sino un legado que viene de la selva.










