En zonas donde la selva retrocede, los mosquitos están cambiando sus hábitos… y eso nos pega directo. Un estudio realizado en Brasil reveló que, cuando la deforestación reduce la fauna silvestre, estos insectos buscan con mayor frecuencia sangre humana. El hallazgo se publicó en Frontiers in Ecology and Evolution y fue desarrollado por investigadores de la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro, la Instituto Oswaldo Cruz (FIOCRUZ) y la Universidad Federal de Río de Janeiro.
La investigación se centró en la Mata Atlántica, un ecosistema que alguna vez fue uno de los más biodiversos del continente y del que hoy solo queda cerca de un tercio. Con menos aves, mamíferos y reptiles disponibles, los mosquitos se adaptan: pican a quienes tienen más cerca, las personas.
Al analizar genéticamente la sangre encontrada en mosquitos capturados, los científicos detectaron que la mayoría provenía de humanos. Este cambio eleva el riesgo de enfermedades como dengue, Zika, chikungunya y fiebre amarilla en comunidades cercanas a zonas deforestadas.
Los especialistas advierten que este fenómeno no es exclusivo de Brasil y podría repetirse en otras regiones de Latinoamérica donde la tala avanza. Por eso, subrayan la importancia de combinar vigilancia sanitaria, educación ambiental y reforestación. Cuidar los bosques no solo protege la naturaleza: también ayuda a reducir riesgos para la salud.










