La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) autorizó la destrucción de más de 259 hectáreas de selva en Cancún, Quintana Roo, para construir la nueva terminal de carga del Tren Maya. El proyecto, llamado “Terminal Multimodal Cancún”, ocupará un predio de 261 hectáreas y requerirá remover casi toda la vegetación de la zona.
El impacto ambiental es enorme. Según el estudio presentado, al menos 12 especies de flora y fauna protegidas se verán afectadas, entre ellas el pavo ocelado, la iguana negra de cola espinosa, el colorín siete colores y la rana leopardo. Organizaciones como Greenpeace México calificaron esta aprobación como un aval directo al “ecocidio”, denunciando que la obra prioriza intereses económicos por encima de la biodiversidad.
El costo estimado de la terminal supera los 7,700 millones de pesos. De esa cantidad, apenas el 15 % se destinará a medidas de prevención y mitigación ambiental; el resto se invertirá principalmente en construcción y preparación del sitio. Entre las medidas anunciadas se incluyen rescate de flora, reubicación de fauna y un programa de reforestación en 230 hectáreas, aunque ambientalistas dudan de su efectividad.
La obra tiene un trasfondo polémico: no está pensada para transporte de pasajeros locales, sino para facilitar el movimiento de mercancías y recursos naturales en la región. Para críticos, este enfoque confirma que el Tren Maya no solo es un proyecto turístico, sino también extractivista.
En el área del proyecto también habitan ocho especies de murciélagos que serán “ahuyentados” con estímulos auditivos antes de las obras. A pesar de estos intentos de minimizar el daño, expertos advierten que la pérdida de selva mediana subperennifolia es irreversible y afectará al equilibrio ecológico de toda la región.
Mientras tanto, colectivos y defensores del medio ambiente insisten en que esta decisión pone en riesgo uno de los ecosistemas más ricos de México. El pavo ocelado, símbolo cultural de la península, se convierte en el emblema de lo que está en juego: un patrimonio natural invaluable frente a proyectos que privilegian el desarrollo económico.
La terminal de carga del Tren Maya abre un nuevo capítulo en la historia de este megaproyecto, uno donde el debate entre progreso y conservación está más vivo que nunca.










