La temperatura global podría superar el límite de 1.5 °C establecido como referencia climática, y el escenario más favorable contempla un pico de hasta 1.8 °C. ¿Qué implicaría esto para la vida cotidiana?
El planeta se encuentra cada vez más cerca de rebasar uno de los límites que durante años han marcado la conversación mundial sobre cambio climático. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), superar los 1.5 °C de calentamiento global será inevitable bajo las trayectorias actuales.
Pero antes de entrar en pánico, hay algo importante que aclarar: llegar a 1.8 °C no significa que de repente todos los lugares de la Tierra tendrán 1.8 grados más de temperatura.
La cifra representa un promedio global comparado con los niveles registrados durante la era preindustrial. Algunas regiones podrían experimentar aumentos mucho mayores, especialmente durante episodios extremos de calor.
¿Por qué preocupa tanto superar los 1.5 °C?
El umbral de 1.5 °C se convirtió en una referencia central del Acuerdo de París porque mantener el calentamiento lo más cerca posible de ese nivel permite reducir los riesgos asociados con el cambio climático.
Superarlo tampoco significa que el planeta vaya a volverse inhabitable de un día para otro. El problema es que cada fracción adicional de calentamiento aumenta la probabilidad y la intensidad de distintos impactos.
Entre ellos se encuentran olas de calor más intensas y frecuentes, sequías, lluvias extremas, inundaciones, pérdida de hielo y glaciares, aumento del nivel del mar y daños a ecosistemas.
También podrían aumentar las presiones sobre recursos tan básicos como el agua y los alimentos, además de los riesgos para la salud, particularmente entre las poblaciones más vulnerables.
¿Entonces ya estamos condenados a llegar a 1.8 °C?
No necesariamente.
El informe del PNUMA plantea diferentes escenarios. En el más favorable, la temperatura global podría alcanzar un máximo cercano a 1.8 °C y posteriormente comenzar a descender.
Para lograrlo serían necesarias reducciones importantes de las emisiones de gases de efecto invernadero, además de aumentar la capacidad para retirar dióxido de carbono de la atmósfera.
La clave está en cuánto tiempo permanece el planeta por encima de 1.5 °C. No es lo mismo superar temporalmente el límite que permanecer durante décadas con temperaturas mucho más elevadas.
El hielo y el agua, entre los principales riesgos
Uno de los efectos más preocupantes está relacionado con el derretimiento de glaciares y otras masas de hielo. Esto contribuye al aumento del nivel del mar y eleva el riesgo para ciudades costeras, islas y comunidades que dependen de estas zonas.
El calentamiento también puede alterar la producción de alimentos y la disponibilidad de agua. Mientras algunas regiones podrían enfrentar sequías y calor extremo, otras podrían sufrir lluvias intensas e inundaciones.
¿Ya superamos los 1.5 °C?
Hay un detalle importante: 2024 fue el primer año calendario en el que la temperatura media global superó 1.5 °C respecto al periodo preindustrial.
Sin embargo, esto no significa que el objetivo del Acuerdo de París se haya perdido formalmente por un solo año. Los científicos evalúan el calentamiento sostenido durante periodos prolongados, no únicamente los registros de un año.
Por eso, el mensaje del PNUMA no es que “ya no hay nada que hacer”. Al contrario: cada décima de grado que se consiga evitar todavía puede significar menos daños, pérdidas y riesgos para las personas y los ecosistemas.
En pocas palabras, llegar a 1.8 °C no sería el fin del mundo, pero sí una señal de que el margen para evitar escenarios climáticos todavía más complicados se está haciendo cada vez más pequeño.










