Este 11 de agosto, Gustavo Cerati cumpliría 67 años. Aunque han pasado 12 años desde su muerte, sus canciones siguen apareciendo en momentos muy personales: una ruptura, un enamoramiento, una despedida, un viaje o incluso cuando estamos tratando de comenzar de nuevo.
El exlíder de Soda Stereo consiguió algo que pocos artistas logran: escribir canciones que, sin contar literalmente nuestra historia, pueden hacernos sentir que fueron hechas para nosotros.
¿La razón? La música tiene una relación muy cercana con la memoria y las emociones. Diversas investigaciones han encontrado que una canción puede activar recuerdos autobiográficos y sentimientos asociados con momentos específicos de nuestra vida.
Por eso, aquella canción que escuchábamos durante una relación puede transportarnos inmediatamente a esa etapa, incluso años después. Basta con escuchar las primeras notas para que regresen imágenes, personas y emociones que creíamos olvidadas.
En el caso de Cerati, sus letras juegan además con metáforas, imágenes y situaciones que pueden tener diferentes interpretaciones. Una misma canción puede representar amor para alguien, una despedida para otra persona o incluso esperanza para alguien más.
“Crimen”, por ejemplo, se convirtió para muchos en una canción relacionada con el desamor. Su historia de una relación rota, las dudas y aquello que quedó sin resolver permiten que cada persona encuentre parte de su propia experiencia.
Y ahí aparece otro fenómeno que se ha vuelto popular en redes sociales: la llamada ley de la manifestación.
Esta creencia sostiene que concentrar nuestros pensamientos, deseos o intenciones en algo puede ayudar a atraer experiencias relacionadas con ello. Sin embargo, no existe evidencia científica que demuestre que pensar en algo, por sí solo, haga que el universo lo convierta en realidad.
Lo que sí puede pasar es algo mucho más terrenal: cuando tenemos una meta muy presente, nuestra atención y comportamiento pueden cambiar.
Por ejemplo, alguien que desea conseguir un empleo puede comenzar a buscar más vacantes, prepararse mejor para una entrevista o identificar oportunidades que antes pasaban desapercibidas.
Con la música puede suceder algo parecido.
Una canción no tiene el poder comprobado de modificar directamente la realidad, pero sí puede convertirse en un recordatorio emocional de aquello que queremos o estamos viviendo.
Escuchar “Puente” mientras pensamos en una persona, una relación o un nuevo comienzo puede reforzar determinados sentimientos y hacer que prestemos más atención a experiencias relacionadas con ellos.
También puede ayudarnos a regular nuestras emociones, recuperar recuerdos y darle sentido a lo que estamos viviendo.
Por eso, cuando alguien dice que una canción “apareció justo cuando la necesitaba”, probablemente no se trata necesariamente de una señal del universo. Están entrando en juego sus recuerdos, emociones, expectativas y el significado que esa persona le ha dado a la canción.
Quizá por eso Cerati continúa vigente.
Sus letras no necesitaban contar exactamente nuestra historia. Dejaban espacios para que cada escucha los llenara con sus propios recuerdos.
Una canción puede acompañarnos durante una ruptura y años después representar superación. Puede recordarnos a alguien que se fue y, con el tiempo, convertirse en un recuerdo bonito.
Cerati murió en 2014, pero su música continúa formando parte de nuevas historias.
Y tal vez esa sea la verdadera conexión entre Cerati, las emociones y la manifestación: sus canciones no cambian nuestro destino, pero sí pueden hacernos mirar hacia aquello que sentimos, recordamos o deseamos.
Cuando una canción consigue eso, deja de ser solamente una canción.









