Amar a tu perro también significa entender que no es humano
Para muchas personas, los perros son un integrante más de la familia. Duermen dentro de casa, reciben abrazos, tienen juguetes, ropa y hasta celebran su cumpleaños. Sin embargo, tratarlos como si fueran humanos podría terminar afectando su comportamiento.
Fran Estévez, instructor canino profesional especializado en modificación de conducta, advierte que la humanización excesiva puede aumentar la dependencia emocional de los perros y favorecer problemas como estrés y ansiedad por separación.
Con cerca de dos décadas de experiencia y más de 800 casos atendidos, el especialista señala que uno de los errores más comunes es interpretar todas las conductas del perro desde una perspectiva humana, dejando de lado sus necesidades naturales.
Cuando el cariño se convierte en dependencia
Un perro puede recibir cariño, atención y formar parte de la familia sin ningún problema. El conflicto aparece cuando esa cercanía impide que desarrolle independencia y aprenda a manejar situaciones cotidianas.
Uno de los casos más frecuentes es la ansiedad por separación. Algunos perros pueden experimentar un nivel elevado de estrés cuando su propietario sale de casa, lo que puede provocar ladridos constantes, destrucción de objetos o intentos de escapar.
Esto no significa que humanizar a un perro sea automáticamente la causa de la ansiedad, pero un vínculo excesivamente dependiente puede contribuir a que le resulte más difícil quedarse solo.
Los límites también son una forma de cariño
Estévez destaca la importancia de establecer reglas claras dentro de casa. Un perro necesita saber qué puede hacer, qué no y cómo relacionarse correctamente con las personas y otros animales.
Esperar hasta que el problema sea grave puede complicar la modificación de conducta. Por eso, recomienda atender desde el principio comportamientos que parezcan pequeños y buscar orientación de profesionales capacitados, en lugar de seguir consejos sin respaldo.
Educar desde cachorro puede marcar la diferencia
La educación temprana es fundamental. Durante la etapa de cachorro pueden trabajarse aspectos como obediencia, socialización y adaptación al entorno.
Una buena socialización ayuda a que el perro aprenda a convivir con otras personas y animales y disminuye el riesgo de que situaciones tan comunes como un paseo terminen en tirones, miedo o reacciones agresivas.
La idea no es convertir al perro en un animal rígido ni quitarle su personalidad, sino enseñarle a desenvolverse de acuerdo con sus capacidades y necesidades.
Un especialista que también compite
Además de trabajar con perros de compañía, Fran Estévez participa en el Mondioring, una disciplina deportiva que combina obediencia, saltos y ejercicios de protección.
La preparación para estas competencias requiere entrenamiento progresivo, cuidado físico, alimentación personalizada y trabajo mental tanto para el perro como para su guía.
Estévez fue campeón de la Copa de España en Grado 1 y participó en el Mundial de Rumanía, experiencia que refleja la importancia de un entrenamiento estructurado y adaptado a cada animal.
Al final, el mensaje es sencillo: un perro puede ser parte de la familia, recibir todo el amor del mundo y seguir siendo un perro. Entender sus necesidades, respetar su naturaleza y establecer límites también es una manera de cuidarlo.









