Capacitismo: la discriminación que quizá practicas sin darte cuenta
El capacitismo puede estar mucho más cerca de lo que pensamos. Aparece en frases, actitudes, decisiones e incluso en la forma en que están diseñadas las ciudades, muchas veces sin que exista una intención directa de discriminar.
Esta forma de discriminación parte de una idea sencilla, pero profundamente excluyente: considerar que las personas sin discapacidad representan el modelo “normal” o ideal del ser humano y que quienes viven con alguna discapacidad son menos capaces, independientes o productivos.
El problema es que estas ideas pueden aparecer desde situaciones aparentemente cotidianas. Por ejemplo, asumir que una persona con discapacidad no podrá estudiar una carrera universitaria, conseguir un empleo, formar una familia o tomar decisiones sobre su propia vida.
Cuando la ayuda también puede discriminar
El capacitismo no siempre se presenta como una agresión evidente. En ocasiones aparece disfrazado de preocupación, empatía o incluso amabilidad.
Un ejemplo ocurre cuando alguien habla con el acompañante de una persona con discapacidad en lugar de dirigirse directamente a ella. También sucede cuando se presenta como algo extraordinario que una persona realice actividades cotidianas, como estudiar, trabajar, viajar o formar una familia.
Frases que buscan expresar admiración o compasión también pueden terminar colocando a la persona en una posición de inferioridad, como si vivir con una discapacidad la convirtiera automáticamente en alguien digno de lástima o en un “héroe” por realizar actividades comunes.
La ciudad también puede ser capacitista
La discriminación no solamente está en las palabras. También puede encontrarse en espacios que no consideran las diferentes necesidades de quienes los utilizan.
Una banqueta sin rampas, un edificio sin accesos adecuados, la falta de intérpretes de lengua de señas, libros que no están disponibles en braille o cruces sin semáforos sonoros pueden limitar la autonomía y participación de miles de personas.
Por eso, estos elementos no deben verse como favores, privilegios o concesiones especiales. Son herramientas necesarias para que todas las personas puedan desplazarse, estudiar, trabajar y participar en la sociedad en igualdad de condiciones.
No héroes ni víctimas: personas con derechos
Combatir el capacitismo implica cambiar la manera en que entendemos la discapacidad. No se trata de colocar a las personas como víctimas permanentes, pero tampoco de convertirlas en héroes simplemente por realizar actividades cotidianas.
La inclusión comienza cuando se reconoce que todas las personas tienen la misma dignidad, derechos, responsabilidades y capacidad para tomar decisiones sobre su propia vida.
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad establece precisamente el derecho de este sector a participar plenamente en la sociedad.
Cuestionar nuestros propios prejuicios, cambiar la manera de comunicarnos y exigir espacios accesibles son pasos que pueden ayudar a construir una sociedad más incluyente.
Porque la inclusión no consiste en hacerle un favor a alguien. Consiste en garantizar que nadie tenga que enfrentar barreras innecesarias para ejercer sus derechos.









