Sentir envidia es algo que todos hemos experimentado, aunque pocos lo admiten. Esa punzada incómoda que aparece cuando alguien logra algo que nosotros deseamos no tiene por qué ser negativa. Según la neuropsicóloga Lucía Crivelli, la envidia puede convertirse en un motor de crecimiento personal si sabemos reconocerla y entenderla.
“La envidia es una emoción social, y como todas, tiene una función. Puede ser un espejo que nos muestre nuestros propios deseos no atendidos”, explicó la especialista. Crivelli distingue dos tipos: la envidia benigna, que impulsa a la superación, y la envidia hostil, que nos lleva a compararnos y desear el fracaso ajeno.
La clave, dice, está en no juzgarse por sentirla. En vez de negarla, hay que preguntarse: ¿por qué me duele el éxito del otro? Tal vez detrás de esa incomodidad hay un objetivo personal olvidado. Esa reflexión puede convertirse en el primer paso hacia el cambio.
Además, Crivelli advierte que las redes sociales han amplificado el fenómeno: las vidas perfectas que vemos a diario elevan la comparación y el malestar, sobre todo en adolescentes y mujeres jóvenes. Por eso, propone mirar hacia adentro, convertir la envidia en admiración y usarla como señal de lo que realmente queremos para nosotros.
En palabras simples: sentir envidia no te hace una mala persona, te hace humana. Lo importante es lo que haces con eso.









