Cuando los días se acortan y el sol parece esconderse más temprano, muchas personas sienten un bajón de energía, ánimo y motivación. Para algunos es solo una etapa pasajera, pero para otros se trata de algo más serio: el Trastorno Afectivo Estacional (TAE), también conocido como depresión estacional.
Este tipo de depresión aparece principalmente en otoño e invierno y suele repetirse año con año. De acuerdo con especialistas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), los síntomas pueden incluir tristeza persistente, cansancio extremo, aumento del apetito —sobre todo por carbohidratos—, dificultad para dormir y pérdida de interés en actividades cotidianas. Si estas señales duran más de dos semanas, es importante buscar ayuda profesional.
En países nórdicos como Finlandia, Suecia y Noruega, donde el invierno trae meses de oscuridad, este tema no se toma a la ligera. Ahí se han desarrollado estrategias respaldadas por la ciencia para enfrentar el llamado “invierno emocional”.
Una de las principales herramientas es la terapia de luz, considerada el estándar de oro. Consiste en exponerse diariamente a una lámpara especial de 10 mil lux durante 30 minutos por la mañana, lo que ayuda a regular el reloj biológico y mejorar el estado de ánimo.
Pero no todo es tecnología. Expertos coinciden en que mantenerse activo, cuidar los vínculos sociales y cambiar la forma en que se vive el invierno marca la diferencia. La filosofía nórdica resume esta idea con una frase clara: no existe el mal clima, solo ropa inadecuada.
Lejos de resignarse, la enseñanza es clara: el invierno se puede enfrentar mejor con información, apoyo y una actitud más consciente hacia la salud mental.









