Andrea Michelle
Los finales tienen la particularidad de traer consigo sentimientos complejos con los que, en ocasiones, no sabemos cómo lidiar. Todo en la vida cumple un proceso y, aunque en primera instancia no seamos conscientes de ello, todo ciclo nos provee de conocimiento. Si bien recolectamos un cúmulo de nuevas experiencias y posibilidades en nuestro camino, también nos enfrentamos a algunos cierres. Así como saludamos a nuevas situaciones o personas en nuestras vidas, del mismo modo nos despedimos de aquello que ya no avanza con nosotros. Por eso, resulta normal que, cerca de la recta final, miremos la línea de salida con algo de nostalgia.
Con la llegada del otoño y de los últimos meses del año, es imposible que la mente no nos lleve al recuerdo. Comenzamos a notar cómo las hojas amarillas se desprenden de los árboles —antes verdes y fuertes—, y rememoramos lo vivido. Es en este punto donde muchas personas, lejos de ser cálidas consigo mismas, tienden a convertirse en jueces rígidos de sus propias acciones.
Al llegar diciembre —vísperas de invierno—, el clima desciende y los días se hacen más cortos. Para muchos, esta época puede resultar acogedora; sin embargo, para otros puede marcar el inicio de una decaída emocional: una tristeza que, sin causa aparente, persiste ante el ambiente festivo. A esto se le conoce como trastorno afectivo estacional (TAE) o, comúnmente, depresión estacional (winter blues, en lugares de habla inglesa).
Es importante diferenciar la melancolía que suele acompañar el fin de año —cuando hacemos una comparativa entre fracasos y aciertos— de la depresión, que altera de manera brusca la forma en que las personas se relacionan con su entorno. En este caso, aparecen sentimientos de tristeza y desaliento constantes, cambios en el apetito o en el ciclo de descanso, falta de energía, pérdida de interés en lo que antes resultaba gratificante, irritabilidad y mayor dificultad para mantener la atención. Con un TAE nos referimos a un desequilibrio grave y disruptivo en el bienestar de las personas.
¿QUÉ CAUSA ESTE TRASTORNO?
El TAE se produce por la disminución en los niveles de luz solar en épocas de otoño e invierno, cuando los días se hacen más cortos. Esto genera un desbalance en los niveles de melatonina y serotonina, los cuales son los encargados de regular el ciclo de sueño, nuestro estado anímico, nuestra digestión, apetito y energía. Se podría decir que esto afecta más, estadísticamente hablando, a personas que viven con mayor cercanía a los polos o a lugares que tienden a ser nublados por cuestiones climatológicas.
HABLAR PARA SANAR
Independientemente de lo que se pueda abordar a nivel médico y científico, estas afecciones nos recuerdan la importancia de hablar de aquello que nos aqueja en el plano psicológico y emocional. Es momento de dejar de calificar la tristeza —o la depresión— como un tema tabú del que nos avergüenza hablar. Cuando lo convertimos en tema de conversación, facilitamos la posibilidad de identificar cuándo se presentan en nosotros estas bajas emocionales. Y, si bien a veces nos encontremos vacilantes ante la duda de si lo que sentimos va más allá de una simple tristeza, ya no temeremos acercarnos a los demás en busca de ayuda.
Finalmente, al hacer un recuento del año, no olvide ser amable consigo mismo. Cada decisión tomada le ha llevado a lo que es hoy en día y si bien el año se termina, no se acaba la posibilidad de disfrutar de la vida, de mejorar y de aprender. Nunca se va a tratar de hacer un cierre de año perfecto, si no de recordar que siempre habrá un mañana y un nuevo amanecer.









