Dormir de día ya no es un lujo ni una señal de flojera, sino una estrategia científica para cuidar el cerebro. El llamado power nap, o siesta energética, ha demostrado mejorar la concentración, el estado de ánimo y hasta el rendimiento físico. Según la National Sleep Foundation, una siesta de entre 10 y 20 minutos puede aumentar la alerta sin causar somnolencia después.
Expertos como el neurólogo Matthew Walker aseguran que una siesta bien administrada puede restaurar la función cerebral de forma similar a una noche completa de sueño, siempre que no se excedan los 20 minutos.
Las investigaciones son claras: la NASA comprobó que una siesta de 26 minutos mejora el rendimiento hasta en 34%, mientras que Harvard demostró que quienes duermen brevemente a media tarde aprenden mejor que quienes no descansan.
El mejor momento para dormir una siesta es entre la 1 y las 3 de la tarde, cuando el cuerpo naturalmente reduce su energía. Eso sí, hay que hacerlo con estrategia: en un lugar tranquilo, con poca luz y sin pasarse del tiempo recomendado. Dormir más de 30 minutos puede afectar el sueño nocturno, según la NSF.
En resumen, el power nap es una inversión en bienestar: 15 minutos bastan para recargar energía, mejorar el ánimo y rendir mejor el resto del día.









