Abril Meraz
Después de unos meses en que la vida decidió ponernos un alto y transformarse para casi iniciar de nuevo, estoy de vuelta con este espacio que me permite compartir contigo temas para reflexionar y crecer juntos. En esta ocasión quiero hablarte desde mi formación como Consteladora Familiar, una actividad que me encanta y que, gracias a la preparación y certificación que recibí en Constelaciones México, puedo ejercer con responsabilidad y respeto hacia quienes acuden conmigo a una sesión presencial o virtual.
Bert Hellinger, el padre de esta disciplina tan maravillosa, se basó en distintas filosofías y observaciones fenomenológicas para construir los tres órdenes o leyes “del amor”, revelando muchos de los conflictos que se repiten en diversas familias y en sus miembros. En el artículo de hoy quiero compartir contigo una breve explicación de estos tres órdenes del amor y cómo impactan en nosotros y nuestra historia.
Para iniciar, quiero dejar en claro que nadie, o casi nadie, desorganiza su sistema familiar de forma consciente. La mayoría de nosotros actuamos de acuerdo con los comportamientos aprendidos y con las condiciones que nuestra vida va tomando; así, la culpa es lo primero que necesitamos liberar al darnos cuenta de que exiliamos a un miembro de la familia, de que actuamos como padres de nuestros padres o de que la manera que tenemos para dar es desigual a la forma de recibir. Veamos, entonces, los tres órdenes del amor y cómo podemos trabajar con ellos en caso de que nuestro sistema así lo requiera.
EL ORDEN DE LA PERTENENCIA
¿Recuerdas el “¡no se habla de Bruno!” en la película Encanto? Ese es un claro ejemplo de cuando una familia exilia a uno de sus miembros, sea por la razón que sea. Esto rompe el orden de pertenencia, ya que todos necesitamos ocupar el lugar que nos corresponde desde el nacimiento. Muchos de los conflictos que llevan quienes acuden a consulta surgen debido a que, en su historia familiar, existieron personas rechazadas u ocultas que, en algún punto de la genealogía, van a pugnar por salir a la luz y ser vistos, empleando para ello la identidad de uno de los miembros de generaciones más nuevas. Cuando estos personajes comienzan a ser vistos y a recibir su lugar, seguramente los conflictos o síntomas que experimenta quien refleja al “exiliado” desaparecerán. ¿Tienes algún “Bruno” en tu árbol familiar?
EL ORDEN DE LA JERARQUÍA
De acuerdo con las constelaciones familiares, quien llega antes al mundo tiene un nivel mayor en jerarquía. Esto significa, por decirlo de una forma sencilla, que los abuelos tendrán un “rango” más alto que los padres, ellos mayor que los hijos y estos, superior al de los nietos. Lo anterior no quiere decir que uno tenga más valor que otro, para nada; simplemente se trata de un nivel jerárquico en energía que será necesario respetar para que el sistema se mantenga en sana estabilidad. ¿Cómo se rompen estas jerarquías? Cuando un hijo comienza a tratar a sus padres como si él fuera el “grande”; cuando una madre comienza a pedir permiso a sus hijos sobre lo que debería o no hacer. “El orden nos viene dado y no podemos sustituirlo por el amor”, dice Bert Hellinger, explicándonos que más allá de las condiciones en las que nos encontremos, quienes están arriba en el árbol familiar deberán ser honrados por las siguientes generaciones, para que la vida siga su curso sin conflictos.
EL ORDEN DEL EQUILIBRIO
Esta ley se refiere a todo aquello que damos y recibimos de los demás, no solo en lo material. Cuando un miembro de una relación comienza a generar desequilibrio dando más de lo que le correspondería, o sin retribuir de manera equitativa ante lo que recibe, esta relación tenderá hacia el conflicto. La única excepción de este equilibrio se encuentra en el vínculo entre padres e hijos pues, desde el momento de recibir la vida, un hijo o hija jamás podrá retribuir algo similar a sus progenitores. Esto no quiere decir que siempre viviremos en deuda con nuestros padres, sino que el amor que de ellos recibimos es incondicional y ni siquiera deberá ponerse en una balanza que mida lo que deberemos darles de regreso. Fuera de esto, todos nuestros lazos necesitan estar formados desde la reciprocidad, para que la vida fluya en nosotros como ha sido planeada.
Es poco lo que puede explicarse en un artículo sobre un tema tan amplio como este. Sin embargo, desde esta información podemos partir para investigar si es que alguno de los conflictos que vivimos tiene su origen en la organización inconsciente que hemos dado a nuestra vida y nuestras relaciones. Si este tema te pareció interesante y sientes que existe algún desorden en tu sistema familiar, te invito a ponerte en contacto conmigo para llegar juntos a la solución que te permita vivir en plenitud. Encuéntrame en mis redes sociales como “abrilmeraz17”. Recuerda: ¡juntos es más fácil!









