Aunque muchos solo se acuerdan de los anteojos de sol en verano, la radiación ultravioleta (UV) está presente los 365 días del año y puede afectar seriamente tu vista. Especialistas de Johns Hopkins Medicine advierten que no usar protección ocular puede derivar en problemas como pterigión —el famoso “ojo de surfista”—, quemaduras en la córnea y hasta cáncer en los párpados.
El optometrista Bryce St. Clair, del Instituto Oftalmológico Wilmer, explica que la exposición crónica al sol puede dejar secuelas tanto funcionales como estéticas, afectando la visión y la salud de la piel alrededor de los ojos. Por eso, los expertos recomiendan usar lentes con protección UV del 95% al 100%, preferentemente con etiqueta “UV 400”.
No importa si estás en invierno o bajo cielo nublado: hasta el 80% de los rayos UV atraviesan las nubes y se reflejan en superficies como agua, nieve o arena. Además, los niños necesitan la misma protección que los adultos, ya que sus ojos son más sensibles y filtran menos radiación.
Al elegir tus gafas de sol, fíjate en el color de las lentes: marrón, gris o verde son ideales. Las polarizadas ayudan a reducir reflejos, pero pueden dificultar la lectura de pantallas. Y el tamaño sí importa: los modelos grandes o envolventes protegen mejor los ojos y los párpados.
El uso diario de anteojos de sol es la estrategia más efectiva para cuidar tu vista a largo plazo y prevenir enfermedades relacionadas con la radiación solar. Empieza desde la infancia y conviértelo en un hábito.









