No todos los cerebros envejecen igual. Un grupo muy selecto de personas de más de 80 años mantiene una memoria tan afilada como la de alguien de 50. A estos se les conoce como SuperAgers o “súperancianos”, y la ciencia lleva 25 años estudiándolos para entender cómo logran este prodigio.
El término “SuperAger” fue acuñado por Marsel Mesulam, fundador del Centro Mesulam de Neurología Cognitiva y Enfermedad de Alzheimer de la Universidad Northwestern. Desde el año 2000, 290 de estas personas excepcionales han sido evaluadas en este centro; 77 incluso donaron su cerebro para ser analizado después de su muerte.
Los investigadores descubrieron algo fascinante: los súperancianos no solo conservan su memoria, sino que presentan un perfil cerebral único. En algunos casos, sus cerebros son “resistentes”, es decir, no desarrollan las placas de amiloide ni los ovillos de tau relacionados con el Alzheimer. En otros, son “resilientes”: estas acumulaciones aparecen, pero no afectan su funcionamiento.
Otro hallazgo clave es que sus cerebros no muestran el adelgazamiento de la corteza típico del envejecimiento. Por el contrario, su corteza cingulada anterior —vinculada a la atención y la toma de decisiones— es incluso más gruesa que en adultos jóvenes. Además, poseen más neuronas von economo, relacionadas con el comportamiento social, y sus neuronas entorrinales, esenciales para la memoria, son de mayor tamaño que las de otras personas mayores.
En cuanto a estilo de vida, los súperancianos no siguen una rutina estándar de ejercicio o dieta. Lo único que todos tienen en común es que son extremadamente sociables: mantienen relaciones cercanas, participan en actividades con otras personas y buscan el contacto humano de manera constante.
No está claro si esta sociabilidad es la causa de su memoria excepcional o si ambas son características innatas, pero los investigadores creen que comprender este vínculo podría abrir la puerta a estrategias para prevenir o retrasar la demencia.
“Una memoria excepcional en la vejez no solo es posible, sino que está asociada a un perfil neurobiológico distintivo”, explica Sandra Weintraub, coautora de un estudio reciente. Estos hallazgos no solo rompen el mito de que la pérdida de memoria es inevitable, sino que dan esperanza de que, con la investigación adecuada, más personas puedan llegar a la vejez con una mente joven.









