En el corazón del Pantanal, uno de los ecosistemas más ricos del planeta, nació Onçafari, una iniciativa que revolucionó la manera de proteger la biodiversidad. Fundada en 2011 por Mario Haberfeld, ex piloto de automovilismo, esta ONG apostó por una idea poderosa: demostrar que un jaguar vale más vivo que muerto. ¿Cómo? A través del ecoturismo responsable.
Inspirados en los safaris africanos, Onçafari desarrolló un modelo que combina turismo, ciencia y educación. La base del proyecto está en la habituación controlada, una técnica que permite que los jaguares se acostumbren a la presencia de vehículos sin perder su comportamiento silvestre. Así, los visitantes pueden observarlos en libertad, mientras se genera conocimiento científico y se impulsa la economía local.
Este enfoque no solo ha incrementado el valor turístico del Pantanal, sino que ha cambiado las estadísticas: antes de Onçafari, los avistamientos eran casi imposibles; hoy, en reservas como Caiman, el 100 % de los visitantes ve jaguares. Además, la organización recopila datos vitales para entender el comportamiento y los movimientos de estos felinos mediante collares GPS y telemetría, información que apoya la creación de políticas públicas.
Pero la misión va más allá del jaguar. Onçafari impulsa proyectos que protegen a los “Cinco Grandes del Pantanal”: el ciervo de los pantanos, el oso hormiguero gigante, el tapir brasileño y el carpincho, además del jaguar. También trabaja en la conservación del lobo de crin en el bioma Cerrado.
Los beneficios son múltiples: conservación efectiva, investigación de alto nivel, oportunidades laborales para comunidades locales y experiencias únicas para viajeros que buscan algo más que turismo: conexión real con la naturaleza. En 14 años, Onçafari demostró que el ecoturismo puede ser una herramienta poderosa para equilibrar desarrollo económico y preservación ambiental.
En un mundo donde la pérdida de biodiversidad avanza a pasos agigantados, historias como esta son una prueba de que hay esperanza si ciencia, sociedad y naturaleza trabajan juntas. El Pantanal, con sus amaneceres dorados y sus jaguares majestuosos, no solo es un destino, es un recordatorio de lo que aún podemos salvar.










