Klaudialy-UniversO
Hola, mi querid@ celebrante, ¿cómo te va? ¿Qué ha sido de ti durante estos días que no nos hemos leído? ¿Alguna novedad que quieras compartirme…? Anda, tengamos una comunicación más “viva”.
Bueno, pues hoy quiero compartir contigo una parte de lo que hago actualmente. Los animales han sido parte importante en mi vida. ¡¡Aunque he de contarte que los perros no me daban miedo, me daban pavor!! Sí, así como lo oyes, bueno, como lo lees, jejeje. Es que me gusta imaginar que tenemos comunicación y casi casi escuchas mi voz; sería lindo, ¿no? Así, como en los mensajes de voz de las aplicaciones, podernos comunicar por medio de la voz cuando nos leemos… Seguro que dentro de algunos años será posible, digo, si el hombre llegó a la Luna y a Marte, y lo veíamos como algo lejanísimo.
Bueno, hace algunos años conocí a una serie de perritos, los famosos perrinfluencers. Uno en especial llamó mi atención, pues era como yo habría sido en mi juventud muchas veces: irreverente, contestón y muy divertido. Bueno, sigo siendo divertida. Vivía en México, la humana que lo acompañaba se casó con un italiano y se fueron para sus tierras. El hecho de que él llegara hasta allá fue tooooooooda una aventura, así lo cuenta y comparte Valeria, la amita culichi, en sus redes.
Bueno, Mazapán, Pay de Limón, Berenjeno, Paulina, Bobby Kawaito, Taika, Toshiro, Akela, Randityto, Mini Catica, Jelipe Antoño, Neo Pondo, el amigo de las panomitas, Boris, el Sr. Ingeniero Bolt, Serenata la perrita Gremlin y muchos, muchos más fueron siendo nombres comunes en mis contactos. Ver sus aventuras y conocer sus perronalidades me entretenía muchísimo.
Llegó la pandemia y, con ella, muchas maneras de conocer el mundo a través de las redes sociales. Afortunadamente, mi empleo me permitía tener las tardes libres. Ahí fue cuando fui conociendo a los habitantes de “Ciudad Perruna”, cada uno de ellos con sus maneras muy peculiares de ser, de compartir, de bromear, de vivir.
Mazapán se volvió mi mejor amigo perruno. En ese momento yo tenía ya solo uno de los tres últimos que vivieron conmigo: Rocky, un maltesito que seguro hubiera sido muy amado en las redes, pooooorque habría que ver qué tenía cada ocurrencia que bueee…
Mi werekito, como solía llamar a Mazapán, enfermó un tanto por el desgaste de la edad y otro tanto, tal vez, por la añoranza de volver a México. Su humana hizo muchas cosas: buscó aquí, allá, acullá el medicamento idóneo para devolverle la salud o, por lo menos, hacerle más llevadera la enfermedad autoinmune que tuvo y que deterioró sus colchoncitos en las cuatro patas.
Nos hicimos amigas de red. Sí, antes podíamos hacer amigos a través de las redes, tener confianza, compartir y conocernos por ese medio, hasta que, cuando se daba la oportunidad, podías conocer en persona al que estaba del otro lado. Muchas noches de cafecito, pan con queso y mermelada, y charlas amenas, nos hicieron amigas. Se nos unió Miriam Nieto, la tía madrina de Pay de Limón, un canito hermoso que vive en el Santuario Milagros Caninos y que es un claro ejemplo de amor y resiliencia.
Poco a poco nos fuimos conociendo más y más. Todos los días teníamos una cita: yo a las 10 p. m. y ella a las 6 a. m. Luego hicimos un grupo de “guasap” para echar chal las tres comadres… y, claro, hablar de los que amamos y cuidamos de diferentes maneras.
Pudimos compartir cumpleaños, tanto de humanos como de mi werekito, del Pay de Miri y de otros más. La comunidad perruna, poco a poco, fue creciendo, y cada día éramos más y más: tanto humanos como canitos, mishis, tortugas, cuyos y una que otra víbora o araña.
Un día, Mazapán no podía mantenerse en pie; las patitas traseras no le respondían. ¿Qué hacemos? ¿A quién buscamos? San Google no era tan bueno como a veces creíamos, o tal vez yo no sabía cómo buscar la solución en internet del mal que aquejaba a mi werekito. Vale vino, recorrió hasta que dio con una doctora que le habló de la enfermedad autoinmune, esa rara que hace que uno mismo vaya generando un mal en su cuerpo, y mi werekito estaba muy, muy desgastado.
Hasta que, un buen día, alguien nos habló de PETANDIM, un suplemento maravilloso que había levantado a muchos canitos ancianos con problemas de displasia, inmovilidad por el dolor en las articulaciones e incluso inapetencia. “Pues vamos a ver si esto funciona”, dijimos. Así hicimos una gran cadena de amor y apoyo: tal le dijo a tal, y tal a tal, y tal a tal, y tal a Vale. Ella decidió y compró el producto; hasta nos hizo un en vivo cuando el paquete llegó a casa. Por fin se vislumbraba una esperanza para que mi werekito mejorara… y ooooooooooh, maravilla de la vida y del amado universo, ¡MAZAPÁN mejoró poco a poco!
Claro, un guerrero azteca nunca se da por vencido. Tuve la oportunidad de enviar algunos audios de fortalecimiento que cada noche Vale le ponía a mi werekito. Era maravilloso ver cómo movía la colita cuando lo saludaba en el audio. Llegó PETANDIM a su vida y mejoró, mejoró tanto que pudo estar con nosotros (y digo “nosotros” porque ese canito amado se volvió, como dice la canción de Alberto Cortés, de nuestra propiedad: lo amamos, lo consideramos nuestra propiedad…). Volvió a caminar, volvió a las andadas, a refunfuñar por todo, a no dejarse del apito y a llamar “caraidioio” a su humana.
Hoy quiero invitarte a que, si tienes un canito, mishi o caballo mayor, y notas que no tiene la misma movilidad y aparentemente no tiene algún daño, le des PETANDIM, ya que es un antioxidante que vuelve a impulsar el SNC, Sistema Nervioso Central, que es nada más y nada menos quien regula nuestras funciones. He visto casos como el de Mazapán, en donde los canitos ya no se movían; es más, era tanto el dolor en sus cuerpitos que no dejaban ni siquiera que los tocaran sus humanos, mucho menos volver a cargarlos.
Pita, por ejemplo, una chihuahita hermosa de casi 15 años, dejó de caminar y solo quería estar en su camita; claro que su humana la dejaba. Un día le hablé de mi werekito y de cómo mejoró, y dijo: “Ok, Klau, tráeme de tus pastillas mágicas” (como las bautizó Mazapán). Y en menos de dos semanas, Pita volvía a subir solita escaleras. Cada vez que Anita tomaba las llaves del auto, Pita brincaba de la cama o corría a la puerta para bajar y treparse al auto, con tal de que no la dejaran en casa.
Sí, podría hablarte maravillas de PETANDIM, porque he visto en muchos de ellos la mejoría y, en sus humanos, cómo sus ojitos vuelven a tener esperanza de verlos mejor, de que caminen y coman y, sobre todo, que puedan estar “más tiempo juntos”.
Por favor, dame la oportunidad de servirte, de acercarte la pastilla bágica. A México aún no llega; somos pocos los distribuidores reconocidos por LifeVantage para poder hacerla llegar a ti. Cabe mencionar que Petandim es un producto cien por ciento NATURAL, que ayuda al bienestar de tu compañero de vida. No esperes a que sea un canito senior o que tenga otro tipo de achaques; recuerda, prevenir es evitar, y con Petandim le estarás dando a tu canito o mishi la oportunidad de estar por mucho tiempo más a tu lado.
Búscame allá en la página de la letra F en azul, en Juntos ES MEJOR – PetBiohacker – o en UniversO, o Klaudialy Zan, y dime que leíste mi reseña en Celebra. O si te es más fácil, envíame un mensaje vía WhatsApp al 5527067221 y, claro, celebremos la vida de tu canito o mishi juntos.
De aquí a nuestro próximo encuentro, celebra la vida, sonríe, sonríe, aunque aparentemente no haya motivos. Gracias por leerme. Con amor y respeto:
Klaudialy – UniversO










