La historia de Matthew Perry vuelve a sacudir a la industria del entretenimiento, esta vez desde los tribunales. A más de dos años de la muerte del actor que dio vida a Chandler Bing, un médico fue sentenciado por su papel en los meses previos al desenlace que estremeció a millones de fans en todo el mundo.
Salvador Plasencia, médico de 44 años, recibió una condena de dos años y medio de prisión por suministrar ketamina al actor en las semanas anteriores a su fallecimiento. Aunque no proporcionó la dosis exacta que provocó la sobredosis fatal, la justicia determinó que su conducta fue clave para alimentar una adicción que ya consumía a Perry.
Durante la audiencia, Plasencia ofreció disculpas a la familia del actor, visiblemente afectado, reconociendo que falló como médico y como persona. Admitió haber traicionado el juramento de no causar daño y aceptó que sus decisiones tendrán consecuencias que lo acompañarán toda su vida.
El caso reveló una trama inquietante: Perry recibió múltiples inyecciones de ketamina en los días previos a su muerte, muchas de ellas administradas por su asistente personal, quien no contaba con formación médica. La sustancia, originalmente prescrita como parte de una terapia para la depresión, terminó convirtiéndose en el centro de una espiral peligrosa.
Los padres de Perry fueron contundentes en un mensaje leído ante la corte: la recuperación de su hijo dependía de que alguien pusiera límites. Ese “no” nunca llegó.
El juez fue claro al dictar sentencia: la relación entre Plasencia y Perry no fue de cuidado médico, sino de lucro. La explotación de una vulnerabilidad terminó por romper la ética profesional y, en consecuencia, la ley.
Este fallo es apenas el primero de una serie. Otras personas involucradas en el suministro de drogas al actor enfrentarán sentencias en los próximos meses, lo que mantiene abierto un caso que expone la fragilidad de las celebridades frente a las adicciones y las fallas de quienes debían protegerlas.
Matthew Perry fue durante años una figura querida, admirada y aparentemente indestructible. Su muerte dejó al descubierto una lucha silenciosa y hoy, con esta condena, la conversación regresa a un punto clave: la responsabilidad médica, la salud mental y los límites que nunca deben cruzarse.









