Por: MPYOE. Jorge Enrique Loera Castañeda
(Doctorante en salud mental)
Frase destacada
«En la vida familiar, el amor es el aceite que alivia las fricciones, el cemento que nos une y la música que brinda armonía.» – Friedrich Nietzsche
Todo ser humano proviene de una familia que, bien o mal, lo cuidó, orientó y asistió en las etapas del desarrollo en las que era más vulnerable. Si bien es cierto que la mayoría de los problemas que los profesionales de la salud mental tratamos en la práctica terapéutica están relacionados con las vivencias familiares de impacto negativo dentro de la persona, también es cierto que la mayoría de sus fortalezas, cualidades y habilidades también provienen de este entorno.
Una vez leí la frase ‘Sana antes de tener hijos, para que tus hijos no tengan que sanar por tenerte como padre o madre’, y creo que esta frase expresa una verdad muy evidente. Los padres, quienes somos responsables de formar una familia, tenemos la gran tarea de prepararnos para hacer lo mejor para que esta familia crezca sana, feliz y unida.
El abandono, la violencia, la intolerancia, el abuso y el egoísmo son algunos de los obstáculos más comunes en la familia. Si los analizáramos uno por uno, veríamos que todos ellos giran en torno a uno solo: la ignorancia. Y no hablo solamente de aquella que se traduce en la falta de estudios, sino del conocimiento de nosotros mismos, ya que quien se conoce bien es capaz, en la mayoría de las ocasiones, de ser razonable, tolerante y resiliente.
Aquel que desata su furia con la violencia física, o el que agrede sexualmente a otra persona por no controlar sus impulsos sexuales, son ignorantes del conocimiento de sí mismos. Han llegado a ser dominados por sus instintos, y no por su raciocinio.
Analizando más a fondo, podemos observar muchas de estas conductas irracionales en gran parte de los adultos mayores con afectación en su cognición, perdiendo la capacidad de controlar sus impulsos y dañando así su entorno familiar y social.
La mayoría de los adultos mayores con demencia nunca fueron diagnosticados, justificando sus olvidos con la vejez, minimizando los problemas que van presentando, siendo juzgados por su pasado y su presente. Mientras que, en otras ocasiones, son ellos quienes juegan un papel importante dentro de sus familias, convirtiendo su vida en una constante convivencia, estimulando sus capacidades, motivándolos y haciendo que su calidad de vida sea mejor.
Sin duda alguna, ayudar a los adultos mayores de nuestro hogar a vivir plenamente ayudará, a su vez, a fomentar la salud mental de todos los que integramos dicho hogar, suavizando el ambiente y mejorando nuestros hábitos en casa.
A continuación, te dejo algunos consejos para contribuir a que tu familia tenga una buena salud mental:
Sé tolerante: Esto no significa ser condescendiente o falso, sino comprensivo y amoroso. Cuando te moleste alguna actitud irracional de ese adulto mayor en tu casa (abuelo, padre, familiar, etc.), antes de tratarlo mal o corregirlo agresivamente, respira hondo y en ese pequeño momento piensa bien cómo corregirás o dirás las cosas. Trata de analizar la intención con la que lo hizo, diferenciándola de los impulsos debido a su desgaste natural.
No compares: Todos somos diferentes. Mientras algunas personas se vuelven más sentimentales, otras pueden ser más impulsivas. Y esto no las hace mejores o peores, simplemente diferentes. Algunas personas con los años se vuelven más alegres, dóciles y tiernas, pero en otras se endurece el carácter, volviéndose violentas e incomprensibles. Sin embargo, cada persona debe ser tratada de acuerdo a su individualidad. Con astucia y paciencia, se puede lograr una sana convivencia. Para esto, recuerda el primer consejo.
Haz cambios en tu rutina de vida: Este es quizás el mejor consejo que te puedo dar como profesional de la salud mental, pues al hacer un cambio en tu rutina de vida, por pequeño que este sea, aumentas tu cognición, traduciéndolo en más capacidad para usar tu razonamiento y tener estrategias. Puede ser desde escribirles durante una semana completa una nota emotiva a cada integrante de tu familia y dárselas personalmente, y si acompañas esto con alguna golosina, fruta o detalle, ¡imagina lo que sentirán los demás! Y como este sencillo ejemplo, imagina y sé creativo para mejorar tu convivencia familiar.
Y recuerda siempre, los pequeños detalles son los que verdaderamente le dan sentido a nuestra vida.









