La historia de Ángela Mariño, una joven veterinaria colombiana enfrentada a un cáncer sin cura, está tocando fibras profundas en toda Latinoamérica. No solo por su valentía al decidir una muerte digna, sino por la forma tan humana y luminosa con la que quiso despedirse del mundo: pidiendo alimento para perros y gatos en lugar de flores.
Ángela, consciente de que su partida se acercaba, dejó un mensaje que se volvió viral. En un video compartido por su amiga Tata, explicó que su deseo era que sus seres queridos y quienes conocieran su historia apoyaran a los animales y a las fundaciones que los protegen. “No quiero flores. Quiero que lleven comida para perritos o gatitos y la entreguen a una fundación”, dijo con una serenidad que desarmó a miles de personas.
La publicación, acompañada de imágenes de su velorio y del cariño que la rodeaba, se llenó rápidamente de mensajes de admiración. Usuarios de todo el continente destacaron su generosidad, su amor por los animales y la forma en que transformó su despedida en un acto de solidaridad.
Su iniciativa no solo reavivó la conversación sobre la eutanasia en Colombia —donde ya es un derecho reconocido por la Corte Constitucional—, sino que también sembró una reflexión más profunda sobre la empatía, la compasión y el cuidado hacia los seres más vulnerables.
En sus palabras finales, Ángela dejó una frase que muchos no han podido olvidar: “No seamos indiferentes. No somos el centro del universo.” Hoy, su legado sigue creciendo: hay quienes ya prometieron ayudar a los animales en su nombre, y otros descubrieron en su historia un impulso para mirar a los demás con más ternura.
Una despedida distinta. Un mensaje que trasciende. Y una joven que, incluso en sus últimos días, eligió dejar más amor del que recibió.









