Durante décadas, acercarse a la Fontana di Trevi ha sido un ritual casi sagrado para millones de personas. Caminar entre la multitud, cerrar los ojos y lanzar una moneda como promesa de regreso formaba parte de la experiencia romana. A partir de febrero, ese gesto tendrá un nuevo significado: entrar costará dos euros.
La ciudad de Roma anunció que el acceso cercano a la Fontana di Trevi dejará de ser completamente libre para visitantes. El monumento seguirá siendo visible desde la plaza sin pagar, pero quienes quieran acercarse al borde de la fuente deberán contar con una entrada. La medida aplica solo para turistas; los residentes de la capital italiana conservarán el acceso gratuito.
La decisión responde a una realidad imposible de ignorar. Tan solo este año, alrededor de nueve millones de personas pasaron por la zona inmediata de la fuente, con un promedio diario de 30 mil visitantes. Esta presión constante no solo complica la movilidad, también incrementa riesgos como robos, desgaste del patrimonio y saturación del espacio público.
El plan forma parte de una estrategia más amplia para regular el turismo en puntos históricos clave de Roma. Además de la Fontana di Trevi, otros cinco sitios emblemáticos tendrán acceso controlado, con entradas de cinco euros. La expectativa es clara: ordenar el flujo de visitantes y recaudar recursos para el mantenimiento de la ciudad.
Según estimaciones oficiales, solo la Fontana di Trevi podría generar alrededor de 6.5 millones de euros al año. Una cifra que contrasta con la tradición de las monedas lanzadas al agua, que continúan destinándose a causas sociales a través de Cáritas, como ha ocurrido durante años.
Esta fuente barroca, incrustada en la fachada de un palacio y convertida en ícono cultural por el cine y la historia, sigue siendo uno de los lugares más fotografiados del mundo. Escenarios como el de La dolce vita la transformaron en símbolo de romance, nostalgia y deseo.
Roma no es la primera ciudad italiana en tomar este camino. El Panteón comenzó a cobrar entrada en 2023 y Venecia ya aplica una tarifa turística en temporadas de alta afluencia. El mensaje es claro: el patrimonio necesita cuidado, incluso si eso implica cambiar tradiciones.
Pagar para acercarse a la Fontana di Trevi no elimina la magia, pero sí redefine la experiencia. Menos caos, más control y un nuevo debate sobre hasta dónde llega el derecho a disfrutar de la historia cuando millones quieren hacerlo al mismo tiempo.









