La diabetes es una enfermedad metabólica que ha ido en aumento en las últimas décadas. Es una enfermedad crónica y sistémica, es decir, afecta a varios órganos del cuerpo. La piel puede verse comprometida de distintas maneras; incluso, algunas manifestaciones cutáneas pueden ser el primer indicio de que la enfermedad está presente o de su progresión.
Las más comunes son:
- Infecciones de la piel, que pueden ser bacterianas, como la foliculitis o la celulitis. También pueden presentarse infecciones por hongos superficiales, como las tiñas de la piel y de las uñas, así como infecciones por levaduras, como la Candida (en los niños, conocida como algodoncillo).
- Úlceras, especialmente cuando se localizan en los pies. Son muy comunes en personas con diabetes, en especial en quienes presentan neuropatía diabética (dolor crónico en los pies).
- Gangrena, una complicación grave que puede presentarse en pacientes con enfermedad vascular periférica (alteraciones en la circulación).
- Cambios en la piel, como sequedad, sobre todo en piernas y pies; engrosamiento en áreas de presión; cambios en la pigmentación, que pueden manifestarse como manchas oscuras o claras.
- Acanthosis nigricans, que consiste en el oscurecimiento y engrosamiento de la piel, especialmente en pliegues como cuello, axilas o ingles (describimos esta condición en la edición de marzo pasado).
En cuanto al tratamiento, el control de la glucemia es fundamental para prevenir estas complicaciones. El cuidado de la piel incluye una adecuada hidratación, el uso de protección solar y el tratamiento inmediato de cualquier infección cutánea para prevenir complicaciones graves.
Si tienes diabetes, es importante que consultes a un profesional de la salud para recibir orientación personalizada sobre tus cuidados.









