L.N Carlo Carillo
Cada noviembre, en México, algo especial empieza a flotar en el aire. No son solo las luces, ni el olor a ponche o a buñuelos. Es esa mezcla de nostalgia, unión y ganas de celebrar que marca el inicio de lo que llamamos “el Guadalupe–Reyes”.
Desde el 12 de diciembre, Día de la Virgen de Guadalupe, hasta el 6 de enero con la llegada de los Reyes Magos, vivimos un periodo donde las reuniones, los abrazos y, por supuesto, la comida, se vuelven protagonistas.
Y es curioso: muchas personas llegan a estas fechas con miedo. Temen “romper la dieta”, “subir unos kilos” o “tirar por la borda todo su esfuerzo del año”. Pero quizá valga la pena detenernos un momento y recordar algo esencial: la salud no se mide solo en calorías, sino en equilibrio.
La Organización Mundial de la Salud define la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social. Eso significa que disfrutar un plato de pozole con tu abuela, brindar con tus amigos o partir la rosca con tus hijos, también forma parte de estar saludable. Porque compartir alimentos no solo alimenta el cuerpo, sino también el alma.
El problema no está en comer, sino en cómo y por qué lo hacemos. En esta temporada, comer con culpa o abstenerse por miedo puede ser tan dañino como el exceso. Decirle que no a todo lo que te gusta, por temor a subir de peso, es otra forma de desconectarte de ti mismo.
Una alimentación saludable no debería ser una prisión, sino una guía para vivir mejor. El equilibrio no se trata de negar placeres, sino de aprender a disfrutarlos con conciencia.
Si vas a convivir, hazlo plenamente. Come lo que te gusta, pero escúchate: sirve porciones pequeñas, mastica despacio y bebe agua entre brindis. No necesitas eliminar todo, solo mantener el control.
El cuerpo agradece tanto un buñuelo compartido con risa, como un día de caminata para compensarlo. El movimiento es parte de la celebración. No para “castigarte”, sino para sentirte ligero, activo, presente.
El alcohol, en cambio, merece mención aparte. Aunque forma parte de muchas celebraciones, beber en exceso altera tu descanso, deshidrata tu cuerpo y te roba energía. Si vas a brindar, hazlo por las razones correctas: por estar vivo, por tener a los tuyos cerca, por haber llegado hasta aquí. Y después, acompaña ese brindis con agua. Tu cuerpo también necesita su propio aplauso.
Vivir el Guadalupe–Reyes con equilibrio no significa dejar de disfrutar. Significa recordar que el verdadero sentido de estas fechas está en la convivencia, en las historias que se repiten año con año, en los abrazos que se dan sin prisa y en los sabores que nos unen a quienes amamos.
No temas a la comida: teme más a perder los momentos que no vuelven.
Cuando te sientes frente a esa mesa, hazlo con gratitud. Porque cada platillo representa un pedazo de historia, una tradición que sobrevivió gracias a la familia, a la cultura, al amor.
Comer con conciencia no es renunciar: es celebrar la vida con medida, con respeto y con alegría.
Y cuando el 6 de enero partas la rosca, recuerda: la salud no se gana con restricciones, sino con armonía.
Porque el bienestar verdadero no empieza en lo que dejas de comer… sino en lo que eliges disfrutar con el corazón.









