La moda barata volvió a encender las alarmas. Un nuevo análisis independiente reveló que varias prendas vendidas por Shein —incluida ropa para niños— contienen sustancias químicas peligrosas muy por encima de los límites permitidos en Europa. Aunque la empresa asegura haber tomado medidas desde 2022, los resultados más recientes cuentan otra historia… una que preocupa tanto a consumidores como a especialistas en salud ambiental.
De acuerdo con Greenpeace, que sometió 56 prendas de ocho países a un análisis especializado, el 32% superaba los límites europeos para sustancias tóxicas. Esto significa que varias chamarras, camisetas y accesorios podrían contener compuestos que han sido vinculados con problemas graves de salud: desde alteraciones hormonales y riesgos cancerígenos hasta efectos sobre el desarrollo infantil y el sistema inmune.
Lo más alarmante fueron las chaquetas que contenían PFAS —conocidos como “químicos eternos”— en concentraciones hasta 3,300 veces superiores al límite legal. Estos compuestos, altamente persistentes en el medio ambiente, están relacionados con daño hepático, debilitamiento inmunológico y ciertos tipos de cáncer. Su presencia en ropa, especialmente infantil, refuerza la preocupación mundial por el impacto del fast fashion en la salud humana.
El estudio también detectó niveles elevados de ftalatos, sustancias asociadas a problemas de fertilidad y desarrollo. En 14 productos analizados, seis superaban el límite en más de cien veces. Esto confirma que la producción masiva, acelerada y barata no solo tiene un costo ambiental, sino también un riesgo directo para quienes usan estas prendas… y para quienes las fabrican.
Greenpeace acusa que Shein aprovecha un vacío legal europeo: al enviar directamente al consumidor desde países como China o Singapur, las regulaciones que aplican a importadores tradicionales no siempre se ejecutan con el mismo rigor. En pocas palabras: si compras fast fashion online, los controles químicos pueden ser menos estrictos de lo que imaginas.
El problema, además, no termina en el clóset. Las sustancias tóxicas liberadas durante la fabricación y el lavado de estas prendas llegan a ríos, mares y suelos, afectando ecosistemas completos y a comunidades enteras que viven cerca de las zonas de producción.
Aunque la marca ha prometido mejorar sus controles, expertos aseguran que estas acciones han sido más “marketing verde” que soluciones reales. Las cifras, lamentablemente, lo confirman.
Hoy más que nunca, elegir qué compramos no es solo una cuestión de moda o precio: es una decisión de salud, ética y responsabilidad. Tener acceso a ropa accesible no debería poner en riesgo nuestro bienestar ni el del planeta. Y si algo deja claro este informe, es que la conversación sobre la industria de la moda rápida apenas comienza.









