En Sevilla, un municipio del norte del Valle en Colombia, todos conocen al Mono. No es político, cantante ni influencer… es un perro mestizo que ha sabido ganarse el cariño de todo el pueblo con su carácter tranquilo, su lealtad y su costumbre de aparecer en cada evento comunitario.
El Mono tiene casa y familia, pero su verdadera rutina es recorrer las calles del centro, saludar a turistas, acompañar caminatas ecológicas, ferias, jornadas de vacunación y hasta procesiones religiosas. Por eso, vecinos, comerciantes y autoridades decidieron darle un homenaje que muy pocos animales reciben: un monumento en vida.
La idea nació de la gente que lo ve todos los días y que siente que el Mono es parte de la historia de Sevilla. Con el apoyo del escultor Mario Restrepo y la administración municipal, se levantó una escultura de cuerpo completo en un punto clave del centro. El día de la inauguración, el propio Mono estuvo ahí, saludando a todos, mientras develaban la obra.
La placa incluye un fragmento de un soneto que lo describe como un “perro con alma de sevillano” y muchos lo comparan con Hachiko, el famoso perro japonés símbolo de la lealtad. Para el alcalde, el Mono no es “un animalito” sino “el ser más lindo que los sevillanos llevamos en el corazón”.
Hoy, su figura de bronce recuerda a todos que los lazos más puros no siempre se explican con palabras… a veces se viven, se sienten y se agradecen a tiempo.









